Consagración al Corazón de Jesús

En el lenguaje bíblico el “corazón” indica el centro de la persona, la sede de sus sentimientos y de sus intenciones. 

En el Corazón de Cristo Redentor adoramos el amor de Dios a la humanidad, su voluntad de salvación universal, su infinita misericordia.

Rendir culto y consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús, cosa que deberíamos renovar cada día, significa adorar aquel Corazón de hombre con que nos amó Jesús, aquel Corazón que, después de habernos amado hasta el extremo, hasta el fin, fue traspasado por una lanza y, desde lo alto de la cruz, derramó sangre y agua, fuente inagotable de vida nueva y eterna.

Sólo de esta fuente inagotable de amor que es el Corazón de Jesús, podremos sacar la energía necesaria para amar, para vivir y cumplir nuestra vocación al amor, para llevar a cabo nuestra misión.

Necesitamos contemplar y admirar cuanto se entraña en el Corazón sacratísimo de Jesucristo para aprender lo que es el amor y lo que significa amar.

Necesitamos beber de esta inagotable fuente de vida, de donde brota la Iglesia y sus sacramentos, para abrirnos de par en par al misterio de Dios y de su amor, dejarnos transformar por Él.  Por eso, esta consagración diocesana al Sagrado Corazón de Jesús.

(De la carta del Cardenal Arzobispo de Valencia Antonio Cañizares, a la diócesis).