El sentido para nosotros de la resurrección de Cristo

La resurrección de Cristo tiene para nosotros, fundamentalmente, dos sentidos. En primer lugar, la resurrección de Cristo es la causa y el ejemplar de lo que debe ser nuestra resurrección espiritual. Esto quiere decir que hay una gran analogía y un gran paralelo entre la muerte y resurrección de Cristo con nuestra muerte al pecado y nuestra resurrección a la vida de la gracia. El tremendo tránsito (o ‘pascua’, o ‘paso’) que Jesús debió sufrir pasando por la muerte para luego resucitar es signo de nuestro propio tránsito. Nuestro propio tránsito o pascua o paso también es tremendo: es morir al pecado para resucitar a la vida de la gracia. Cuando decimos ‘muerte al pecado’ nos referimos a abandonar nuestro pecado, a sufrir la tremenda renuncia a nosotros mismos y a nuestros defectos para poder recibir la resurrección que es la gracia santificante.

Este sentido de la resurrección está expresado en este texto de San Pablo: “¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. Pues el que está muerto, queda librado del pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús” (Rm 6,3-11).

El segundo sentido de la resurrección de Cristo para nosotros también está presente en el texto recién presentado. Consiste en que el bautizado que llega al momento de la muerte en gracia de Dios, participa de la muerte de Cristo, pero también participará de la resurrección de su propio cuerpo. Es algo que afirmamos todos los domingos cuando rezamos el Credo: “Creo en la resurrección de los muertos”. Por esa misteriosa unión que hay entre el Verbo Encarnado y todo hombre, cuando Jesucristo murió en la cruz todos hemos muerto en Él. Así también, por esa misma misteriosa unión, todos los que están injertados en Cristo, por la resurrección de Cristo, resucitarán en Él.         

P. José A. Marcone, IVE )