LA VIRGEN DE GUADALUPE – LA IMAGEN I

Podemos ahora describir la imagen de la Virgen de Guadalupe tal como está impresa en el ayate de San Juan Diego, resaltando sólo algunos de los aspectos más bellos o llamativos que encierra.

1.      Cristo

En la imagen de la Guadalupana, como no podía ser de otra manera, está señalado Nuestro Señor. En el vientre de María Santísima se encuentra un jazmín de cuatro pétalos (Philadelphus mexicanus), estilización del centro de la piedra del sol, y que en la cultura náhuatl simboliza la plenitud (el nahui ollin). La Virgen está encinta, y contiene en su seno al Hijo de Dios.

Por ello también la zona del Vientre de María es la más iluminada de toda la imagen, más que el rostro mismo de María.

2.      La Virgen

El rostro refleja desde el primer momento la actitud de la Virgen, que es de profunda oración: la mirada baja, la seriedad, y la caída de los párpados, la dulzura misma y la paz que irradia.

La forma de la cara es ovalada, y la tez morena. Sin embargo, como hemos también señalado, el tono de la piel varía en cada fotografía. En la descripción del Nican Mopohua se dice que es “de color tabaco, o maíz moreno”. Otros lo han descrito como “apenas más oscuro que el de perla” (Miguel Cabrera, siglo XVIII) y, en nuestros días, “aceitunado”.

Sus cejas son finísimas y bien delineadas, más similares a los rasgos europeos; sus párpados abultados y los ojos rasgados. La nariz es de forma fina y recta, no de características indígenas.

Su boca se encuentra justo sobre un defecto del ayate, y sin embargo se ve delicada y anatómicamente perfecta, esbozando además una dulce sonrisa. Bajo el gracioso mentón se vislumbra un cuello largo y fuerte.

Sus cabellos, divididos por raya al medio, son de color caoba oscuro.

El rostro de la Virgen es fresco, joven, tierno, limpio y de rasgos definidos. Se observan cualidades de suavidad y firmeza.

Por algo en náhuatl la describían como “la que perfectamente a todas partes está mirando”.

Las manos en oración tienen una hermosa particularidad que ha querido la Virgen: la mano izquierda es una mano indígena, morena, abultada; mientras la derecha es española, alargada y blanca. Los estudiosos que hemos ya citado (Callahan y Smith) dicen que los pigmentos con que están coloreadas las manos, como los del rostro, son desconocidos e inexplicables.

Sus vestiduras están llenas de particulares cargados de simbolismos.

El color de la túnica es de un ocre no definido, que va del rosa pálido, casi blanco, a sombras oscuras del mismo color.

Las estrellas doradas del manto (46 en total) representan las constelaciones que se ven en México en diciembre, mes de las apariciones. Las flores que aparecen en el vestido y en el manto, y que a la usanza de la pintura indígena no siguen los pliegues del vestido, son todas de la zona de la aparición.

El cinturón está en una posición alta, indicando que está esperando el nacimiento del Salvador.

Además hay algunos detalles que realzan la delicadeza de la Imagen representada y el rango de “Señora” de la Virgen, como son el broche dorado en su cuello, con una cruz negra en su interior, lo que parecieran ser dos pulseras doradas, y en su cabello, lo que podría ser una peineta o un accesorio para sostener el manto.

3.      El ángel

Además de la luna tiene la Virgen por trono de sus sagradas plantas un ángel. Así como están Dios Padre y Jesucristo, y la creatura más perfecta que es María, está representado en la imagen el orden angélico.

Llaman la atención a primera vista las coloridas alas, que siguen la forma anatómica de las alas del águila, pero cuyos colores siguen a los de otro pájaro de México, llamado tzindzcan.

Tiene una túnica rojiza semejante a la camisa que utilizaron los indios en los primeros tiempos de la evangelización, que sustituía el taparrabo.

Tiene un broche en el que se aprecian, según los peritos, algunas letras: JU, en ese tiempo abreviación de “Juan”; y una D con un dibujo que parece una ollita, que bien podría ser la abreviatura de Diego, “Do”.

El ángel, además, tiene el cabello cortado según el estilo de los “macehuales” u hombres de pueblo entre los indígenas, clase a la que pertenecía Juan Diego.

4.      Los indios, sus hijos

La imagen está llena de referencias a la cultura y a las usanzas de los indios, sanadas y elevadas por el Evangelio. Se ve esto en la misma presencia del ángel con la probable referencia a Juan Diego (o casi identificación con él), y también en el hecho de que esté agarrando y como cubriéndose con el manto de la Virgen.

La imagen es un ícono de una gran transparencia y de un valor catequético insuperable en orden a la evangelización de los indígenas mexicanos. Ellos se veían allí presentes en cada símbolo, en cada detalle, en los rasgos mismos de la Virgen. Se sentían identificados. Pero no debemos olvidar, y lo entendían así los indios, que también están los detalles que hacen referencia a la gran civilización española (greco-romana) por medio de la cual les llegó el Evangelio. Así los indios la veían como Señora y la sabían su Madre. Y aún hoy es así para todos los pueblos de Hispanoamérica.

 

Es un prototipo de evangelización de la cultura.

P. Carlos Miguel Buela, IVE

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