La Presentación de Nuestro Señor Jesucristo en el Templo – Día de la vida consagrada  

El misterio de la Presentación de nuestro Señor en el Templo, evoca para toda la religiosa, su propia presentación ante Dios para ser consagrada totalmente a Él.

Y cada religiosa, ve en la figura materna de María, una imagen de su propia consagración. Cuando María presentó a su Hijo, recordó su propia consagración a Dios.

Les hacemos partícipes de la homilía que predicó el P. Alberto Barattero, el día 21 de noviembre de 2015, en ocasión del “cambio de nombre” a las novicias de nuestra Familia Religiosa en Italia.

 

                                           

Presentación de la Santísima Virgen María

 

La conmemoración de la presentación de la Virgen en el templo nos recuerda que un determinado día san Joaquín y santa Ana tomaron a su hija de 3 años y emprendieron el viaje desde Nazaret hasta Jerusalén para ofrecer a su hija a Dios. Llegados al templo la presentaron a los sacerdotes y la dejaron ahí para que sea parte de las doncellas que allí eran consagradas a Dios e instruidas en la piedad.

                        

Un hermoso cuadro que nos deja muchas enseñanzas, pero quería detenerme solamente en una de las enseñanzas que nos deja y que puede ser útil hoy, para ustedes, que están dando este pequeño paso hacia esta gran empresa que es la de consagrarse a Dios. La presentación de la Virgen nos recuerda que Ella desde muy pequeña se consagró a Dios ofreciéndole todo su corazón; nos muestra cómo Ella, ya desde niña, quería vivir sólo para Dios y, por eso, nos enseña cómo debemos hacer para ser verdaderos consagrados a Dios por medio del ofrecimiento total de nuestro corazón.
Podemos decir que la suya, fue una verdadera oblación, fue un verdadero holocausto de su corazón a Dios y por eso, nos enseña lo que debemos hacer para que nuestra consagración religiosa sea un verdadero holocausto de nuestro corazón a Dios.

Me detengo brevemente en dos expresiones del Evangelio que nombran el corazón de la Virgen y que dejan ver, cómo este ofrecimiento de su corazón desde niña fue efectivo a lo largo de su vida: 1) y a ti misma una espada te atravesará el corazón (Lc 2,35); 2) María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón (Lc 2,19).

 

1. La espada que atravesó el corazón de la Virgen.

La espada que atravesó el corazón de la Virgen como sabemos fue la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, en ese momento la Virgen inmoló en su corazón lo que Cristo inmolaba en la cruz. Sin embargo, la expresión es mucho más rica en el sentido que expresa plenamente la grandeza con la cual ese corazón amaba a Dios y era de Dios. Porque por medio de esa espada la Virgen entregaba a Dios, algo que para ella era mucho más grande que su propia vida, ella entregaba la vida de su Hijo y por eso ese acto de entrega expresa mucho más porque muestra la entrega con un corazón indiviso que hizo la Virgen a Dios.

Manifiesta que su virginidad no fue un mero abstenerse de relaciones con un hombre sino que fue una verdadera entrega de su corazón a Dios. Porque la virginidad más perfecta es la que no sólo se abstiene de todo acto que va contra la pureza sino la que sacrifica todos los afectos del corazón para que su corazón pertenezca íntegramente a Dios, esté íntimamente unido a Dios. Por eso la verdadera virginidad es no buscarse a sí mismo sino buscar darse a Dios.

Y es muy interesante una cosa que dice santo Tomás respecto de la castidad distinguiendo una castidad material – la que normalmente llamamos castidad – y una castidad espiritual, porque el alma experimenta cierto placer espiritual por la unión con determinadas cosas que da lugar a una castidad espiritual o fornicación espiritual. La primera cuando se deja de lado también esos placeres para conseguir la unión con Dios, la segunda cuando la persona se recrea en esos placeres.

Y de que esta castidad de corazón se dio de modo perfecto en la Virgen nos hablan las palabras de Lucas: una espada te atravesará el corazón. María no dudo en entregar a Dios la placentera recreación de estar con su Hijo e incluso de ofrecer el sacrificio de ver a su Hijo destrozado antes de morir: “como había estado predicho su corazón fue traspasado por una espada (Lc 2,35): pero ella no desesperó, ni al sentir la profecía ni cuando sucedieron las cosas predichas” (Kierkegaard), porque su corazón era de Dios.

 

2. María que meditaba y conserva en su corazón.

También esta es una hermosa expresión de lo que es tener el corazón sólo para Dios. Porque tener un corazón sólo para Dios no significa solamente –como veíamos en el punto anterior– darle todos nuestros sentimientos o afectos sino que significa más, significa poner todas nuestras potencias orientadas a Dios. Es decir, la Virgen era una persona que tenía un perfecto recogimiento porque tenía una perfecta unificación interior de todas sus potencias en Dios, es más toda su persona estaba puesta en presencia de Dios.

Por eso, es muy interesante la expresión del Evangelio como manifestación de un corazón que estaba totalmente recogido en Dios en una perfecta contemplación de Dios. Porque como decía un cartujo, un verdadero contemplativo no es el que sabe más que los otros sino el que sabe extasiarse donde los demás pasan con indiferencia, porque ve a Dios en todo. Ella veía a Dios en todo lo que sucedía y lo meditaba…, y lo contemplaba…, y lo amaba…, y lo conservaba como un gran tesoro, el tesoro más precioso de su alma.

Manifiesta también un corazón que está en un auténtico silencio interior. Porque el silencio no es un callar por callar, ni siquiera es conseguir un ambiente en el cual no hay ningún ruido: un perfecto silencio material. Sino que el silencio es un callar lo pequeño para escuchar algo más grande, un no escuchar o no preocuparse por los ruidos finitos para poder escuchar sonidos eternos.

Es signo también de un corazón sumamente profundo, un corazón que aprendió lo que es la verdadera apatheia cristiana que no es una técnica para protegerse del sufrimiento sino el puro abandono en el amor eterno en medio de sufrimientos, dolores y paradojas de la vida.

Por último el corazón de la Virgen es un corazón sinceramente religioso que va a Dios por Dios y por eso María guardaba o meditaba o rumiaba en su corazón, es decir, quería ver y comprender mejor la Voluntad de Dios para poder ir más directamente hacia Dios. Buscaba en Dios la respuesta para conformarse mejor a su Voluntad. Por eso también escribía Kierkegaard muy hermosamente: “de una mujer tú aprende lo calmo, el profundo y religioso dolor que escucha la presencia de Dios: de María”.

 

Conclusión

 

Hace unos minutos, han recibido un nuevo nombre con el cual quieren significar precisamente ese deseo de ofrecer todo el corazón a Dios como la Virgen, por eso, reciben el nombre María, el nombre de la Virgen. Que Ella las ayude a hacer del corazón de cada una de ustedes un corazón consagrado totalmente a Dios, y acuérdense siempre, cuando las llamen María, que ese nombre significa que quieren ser todas de Dios como la Virgen.

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