Vida Religiosa: primera profesión 


Como un oportuno complemento a la exposición sobre los votos religiosos, queremos referirles que el pasado 24 de octubre, tres hermanas españolas hicieron sus primeros votos religiosos. María Vera Imago (Verdadera Imagen), de Málaga,  María Glòria de la Creu (Gloria de la Cruz) y Maria Mare de Deus Xiqueta (Virgen Niña), ambas cerca de Barcelona. La ceremonia, que contó con 8 sacerdotes concelebrantes y unas 600 personas, sobre todo jóvenes, estuvo solemnizada con cantos, flores, incienso, agradeciendo a Dios la inmensa bondad que tiene para con nosotros. Ofrecemos la homilía que predicó para la ocasión, el Padre Miguel Soler, de nuestra Familia Religiosa del Verbo Encarnado. 

Momento de la ceremonia en que les serán cambiados los velos blancos de novicias por azules de profesas.

Votos religiosos -  gramática y poesía

 

P. Miguel Soler, IVE

24-10-2015. Barcelona

 

1.      Lo inexplicable

Estamos reunidos aquí para acompañar a estas hermanas nuestras que hoy realizan sus primeros votos religiosos, que protestan ante Dios y la Iglesia querer consagrarse totalmente a Dios. Y les confieso que, feliz de poder estar, no sé por qué estamos aquí.

Es que hay un montón de cosas muy inexplicables, prodigiosas, diría: que surjan estas vocaciones, en estos tiempos, y aquí… para esta congregación de monjitas azules.

Para comenzar a entender algo, podemos decir que llegamos a este día después de meses, quizás años, en los que en el corazón de cada una de estas hermanas “algo pasó”, a partir de lo cual algo nuevo comenzó. Cada una de ellas podría intentar describir la historia de su llamada, los signos y las luchas interiores, los “toques” de Dios, las circunstancias de ellos. Todo ello puede, más o menos, describir el cómo… pero no puede explicar el por qué.

Me abriste el oído, dice el salmo, y entonces dije “aquí estoy” (Sal 40,7). Y de múltiples maneras Dios ha ido abriendo el oído de estas hermanas. Cada una de ellas podrá ahora hacer un canto de acción de gracias a Dios por tantas cosas que le han abierto el oído: lo recibido en casa, de la familia y amigos, de buenos sacerdotes o consagradas, en el colegio, con hermosas experiencias de Cristo (tantas veces necesitado, en los voluntariados), con tantos buenos ejemplos…pero nada de eso explica qué es lo que les dijo el Señor al oído. Hubo una palabra secreta, que ellas guardan en el corazón. Hasta me atrevo a decir que ellas mismas no la logran descifrar del todo; si mantienen el oído abierto, quizás a lo largo de sus vidas podrán ir desglosando esa palabra de amor que el Señor puso en su corazón. No poco tendrá que ver con el nuevo nombre que les ha dado.

Entonces, podemos saber para qué estamos todos hoy aquí (acompañar, rezar, agradecer…), pero no por qué. No lo olvidemos, no lo olviden ellas. No sois vosotros los que me elegisteis a mí, sino Yo quien os elegí a vosotros

Tanto es así, que hasta sería osado reducir a cualquiera de estas realidades o circunstancias la causa definitiva. Dice el Cantar de los Cantares: quien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa se haría despreciable (8,7), eso es, ponerle precio, cifrarlo. No se puede. Sólo podemos ser testigos fascinados del comienzo solemne y público de una historia de amor entre Cristo y estas sus nuevas esposas, y sería ofensivo para ambos pretender entrar en ese misterio, rebajándolo con explicaciones humanas, y alguna vez incluso rastreras. Es inexplicable. Demos gracias a Dios por ello.

 

Festejos...

2.  La vocación dentro de la vocación

Aunque inexplicable, no es del todo indefinible; como en el amor humano, hay una “gramática” elemental del verdadero amor, que permite distinguirlo de sus falsificaciones. Es inexplicable en sus motivos y en sus causas, pero no es ni debe ser un mero sentimiento etéreo, sino que la profesión religiosa es entrar muy concretamente en una vida, siguiendo, como dice la fórmula de votos, un “camino evangélico” trazado en las Constituciones (Regla); camino marcado por los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia. Así como en el amor matrimonial y familiar hay una gramática esencial (que hoy se quiere redefinir a toda costa), también en la vida religiosa.

Estas hermanas se comprometen a cumplir los votos, se “atan” para tener la libertad suficiente de donarse enteramente a Dios: así le entregan los bienes exteriores, por el de pobreza; los interiores (sentimientos, afectos exclusivos) por el de castidad, y la propia voluntad por el de obediencia. Su capacidad de amor familiar la entregan por medio del compromiso a vivir la vida comunitaria. Son ofrendas excelentes hechas a Dios, son entregas muy valientes. Estas jóvenes son muy valientes.

Sin embargo, no se hacen religiosas para “cumplir” los votos, detrás de cada uno hay algo mucho más profundo. Para seguir con la imagen podríamos decir que ninguna historia de amor se escribe con la sola gramática, y ninguna gramática por sí sola, por más respetada que sea, es una (hermosa) historia de amor. La historia de amor se escribe con palabras de amor, la gramática (y la estilística) nos enseña cómo usarlas para poder llegar al corazón del Amado.

Para explicarnos un poco, por la pobreza le entregan la posesión y disposición de los bienes, pero es en los pequeños y grandes gestos de renuncia, de sencillez, de aceptación de los límites, es allí cuando están diciendo: “te quiero, Jesús, porque eres mi única riqueza”. Y un día y otro día… y es allí donde Él les responde: “Yo también te quiero… y te quiero pobre como lo fui yo…”.

Por el voto de castidad quieren mantener el corazón indiviso, pero comenzarán a escribir en el Corazón de Cristo cuando en sus soledades sepan acercarse a Jesús solo en el huerto, cuando en sus tristezas lo puedan contemplar triste y lo acompañen…, cuando alegres sepan compartir su alegría con los demás…, cuando sepan verlo en el pobre, o el niño, o el anciano o el enfermo... o en aquella alma atribulada que se les acerca simplemente a pedirles oración… será allí cuando le entreguen ese corazón indiviso y le digan con hechos más fuertes que cualquier palabra: mi Amado es para mí, y yo soy para mi Amado(Cant 6,3; 7,11). ¡Y qué respuestas no les hará resonar Jesús en el corazón!

La ofrenda mayor es sin duda la obediencia. Santo Tomás enseña que “el hombre no puede dar a Dios nada más grande que el sometimiento de su voluntad a la de otro por Dios mismo” (S.Th.II-II 186,5). Es la soberana libertad, la más difícil y la más hermosa. Es lo que les permite seguir al Cordero de Dios dondequiera que vaya: ¡y quién sabe dónde las llevará! Los corazones de sus madres, y sus padres, quizás se estremecen, con razón, de solo pensarlo. ¿Dónde las llevará este seguir al Cordero? No lo sabemos, Dios lo sabe. Y lo seguirán allí donde las lleve la obediencia. Pero en un plano más profundo, en la inmolación propia del acto de obediencia, en la entrega misteriosa de la libertad con Cristo ante la Pasión que dice al Padre: hágase tu Voluntad y no la mía es donde se unen con Él. Por el voto lo persiguen, por este acto interior lo encuentran, y será así cada vez.

Nos abre esto a un misterio grandísimo. A una vocación dentro de la vocación, a algo mucho más inexplicable dentro de lo ya inexplicable, pero que en definitiva es el punto en que se encuentran todas las explicaciones: es la atracción misteriosa que ejerce Jesucristo sobre las almas desde la cruz. Repetimos: es la atracción misteriosa que ejerce Jesucristo sobre las almas desde la cruz. Es Dios que así las llama a ser la Vera Imago, verdadera imagen, de su Hijo Jesús.

 




 María Vera Imago (Verdadera Imagen)

3.   Es fuerte el amor como la muerte, llamarada divina

Cuando esta atracción se apodera realmente de un alma y la enseñorea… nada pueden hacer la carne, el mundo ni todos los infiernos juntos que la puedan detener. “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo…?” (Rm 8,35). Nada. Porque “fuerte es el amor como la muerte, […] una llama divina. Las aguas caudalosas no podrían extinguir el amor, ni los ríos anegarlo” (Cant 8,6-7).

Es esto la manifestación potente de la gloria de la cruz, Glòria de la Creu, que se muestra en nuestra debilidad, en nuestra pequeñez, en nuestra humildad, como la de María Santísima, “Maria quan era Xiqueta”. La pequeñez de la verdadera humildad es la condición para que se muestre esa gloria.

Y debemos decir dos palabras sobre el evangelio, con el episodio de Bartimeo, el ciego. San Juan Pablo II aplicaba el grito del ciego al corazón de los jóvenes. Les decía que también ellos griten a Jesús: “Señor, que vea”: “que vea el camino que quieres para mí, que vea tu voluntad sobre mi vida y la siga”, que pueda descubrir el lugar y la vocación en la cual Tú llenarás mi corazón.

Queridos hermanos: nuestras hermanas hacen hoy algo muy valiente, pero es mucho más grande aquello a lo cual el Señor hoy las llama: pidamos todos hoy a Dios que a lo largo de los años de vida consagrada que Él les conceda, puedan ir abriendo su corazón a estas palabras de amor que Él susurrará en sus corazones, que puedan responder haciendo de cada uno de sus días un nuevo verso del canto de sus vidas a la gloria de Dios.

Finalmente, y como si todo esto fuera poco, por el cuarto voto de esclavitud a María Santísima ellas ponen en sus manos de madre pasado, presente y futuro, deseos y méritos, proyectos y frutos, todo. María Santísima no puede no bendecir corazones tan generosos. Que ella nos bendiga a todos.

 





María Mare de Deus Xiqueta (Virgen Niña)

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