Testimonio religioso y uso del hábito

Decíamos que el testimonio que están llamados a dar los religiosos y religiosas es el “testimonio de modo esplendoroso y eminente, que el mundo no puede ser transformado y ofrecido a Dios sin el espíritu de las Bienaventuranzas”[1].


En esta perspectiva, el hábito de los religiosos constituye un “signo de su consagración y testimonio de su pobreza”[2] , por eso las religiosas de nuestro Instituto, llevamos de forma permanente esa señal exterior que “constituye un hábito religioso, sencillo y apropiado; es el medio de recordaros constantemente a vosotras mismas vuestro compromiso que contrasta con el espíritu del mundo; es un testimonio silencioso, pero elocuente; es una señal que nuestro mundo secularizado tiene necesidad de encontrar en su camino, como por otra parte, desean muchos cristianos”[3].



Enseña Santo Tomás que la religión es un estado de penitencia y desprecio de la gloria mundana, por eso compete a los religiosos la pobreza de los vestidos, y esto por dos motivos: primero, para su propia humildad; segundo, para ejemplo de otros, el que predica la pobreza y penitencia debe mostrarlo en su modo de vestir y vivir [4]. Por eso testimonian con el hábito religioso su total consagración a Dios.


Nuestro hábito consiste en la túnica gris, toca blanca, escapulario y velo azul. “Los colores del hábito tienen un particular significado... El escapulario azul, que representa al Verbo Divino, al ser impuesto sobre el hábito gris, que simboliza la humanidad, habla con máxima elocuencia del augusto misterio de la Encarnación, por el que el Verbo se unió a nuestra naturaleza y se revistió de nuestra carne”[5].


Asimismo nuestras religiosas de rito bizantino pertenecientes a la Iglesia greco católica ucraniana, reciben el hábito de color negro, que en la tradición oriental significa la separación y muerte al mundo para una exclusiva unión con Dios[6].


Forma parte del hábito la Cruz de Matará, en la cual se encuentran tallados los misterios centrales de nuestra espiritualidad: la Encarnación, la Pasión, la Eucaristía, etc. También es un hermosísimo ejemplo de Evangelización de la cultura, fin específico de nuestros Institutos.

 

Finalmente la Cruz donde están el Señor y la Virgen de Matará constituye, un programa de vida “que deberán esforzarse por alcanzar las que se enorgullezcan de llevar ese nombre[...] Proyectar a las nuevas generaciones los altos ideales expresados en esta Cruz deberá ser un renovado empeño de todos y cada uno de los miembros de esa Familia Religiosa a través de los tiempos para que resuene el Evangelio de Jesucristo en todo rincón de la tierra: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio (Mc 16, 15)”[7].


[1] FIR, 14. Cf. LG, 31.

[2] Constituciones [154], citando CIC, c. 669, § 1.

[3] Juan Pablo II, a la Unión Internacional de las Superioras Generales de las Órdenes Religiosas, (16/11/78). Cf. Const. [154].

[4] Cf. Santo Tomás de Aquino, S. Th., II-II, 187, 6c.

[5] R. P. Carlos Miguel Buela, Ave María n. 15, Año VI, diciembre 1993, Ed. Del Verbo Encarnado, p. 4-5.

[6] Cfr. Theodoro Studita: “la vestitura debe ser negra, pobre, prolija  y limpia.”

[7] R. P. Carlos Miguel Buela, Las Servidoras I, Agosto 2007, Ed. EDIVI, p. 34.

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