Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame

En nuestros monasterios se realiza la Procesión de Corpus Christi – luego de la Santa Misa- dentro de la clausura, con diversos textos de meditación y cantos. Queremos hacerlos partícipes de nuestra celebración, compartiendo el “Diálogo eucarístico” que hemos preparado para este año, donde “abundan” los textos del Catecismo de la Iglesia católica. Rezamos por sus intenciones.

 

Procesión de Corpus Christi 2014

 

Guía 1: “Amadísimos hermanos y hermanas: cada vez que celebramos la Eucaristía vivimos en la fe el misterio que se realiza en el altar; es decir, participamos en el acto supremo de amor que Cristo realizó con su muerte y su resurrección. En esta solemnidad del Corpus Christi revivimos esta estupenda realidad, en la que la Iglesia no sólo celebra la Eucaristía, sino que también la lleva solemnemente en procesión, anunciando públicamente que el Sacrificio de Cristo es para la salvación del mundo entero”. (Papa Benedicto XVI). La Virgen Santa, primera custodia y copón de Jesús eucarístico nos ayude a adorar su presencia en una prolongada y asidua acción de gracias.

Tantum ergo - Bendición

Guía 2: Profesamos nuestra fe en la Eucaristía, a cada invocación respondemos: ¡Tú eres nuestra vida, Oh Señor!

+ La Fe eucarística consiste en creer, conforme a lo que enseña la Iglesia católica, que Jesucristo está verdadera, real y sustancialmente presente bajo las especies sacramentales.

+ La Fe eucarística es, por consiguiente, la ciencia y la visión espiritual de Jesucristo en el Santísimo Sacramento; es una participación de la visión de los santos en la gloria.

+ La fe me muestra a Jesús resucitado, glorioso y majestuosamente sentado como Dios en su trono.

Cantos – inicio de la procesión.

Altar 2: Bendición

Guía 1:

Dice San Ambrosio: “esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado… La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que no eran todavía?” (CI 1375). Prueba de ese poder lo tenemos en la transformación de agua en vino en las bodas de Caná. “No te preguntes si esto es verdad, dice san Cirilo, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque Él, que es la Verdad, no miente” (CI 1381).

¡La Eucaristía es la obra de Dios, digna de toda adoración, de ser publicada y de ser amada!

Guía 2: La Eucaristía es nuestra esperanza, nuestro camino hacia la Patria. Por eso le decimos al Señor: ¡Tú eres nuestra fuerza!

* Con la Eucaristía tenemos el pan de los fuertes, el viático para los caminantes, el pan de Elías que nos da la fuerza para subir hasta la montaña de Dios, el maná que nos hace tolerable el horror del desierto.

* Con Jesús eucarístico tenemos consuelo, reposo en las fatigas y agitaciones de nuestra alma, y bálsamo que sirve de alivio a los acerbos dolores del corazón.

* En la Eucaristía encontramos remedio para nuestros males y un medio seguro de satisfacer por las nuevas deudas de los pecados que continuamente contraemos con la justicia divina.

Cantos

Altar 3- bendición

Guía 1:

Cristo está presente en la Eucaristía. Ahora, ¿en qué condición está presente? “Puesto que Cristo iba a alejarse de los suyos bajo su forma visible, quiso darnos su presencia sacramental; puesto que iba a ofrecerse en la cruz por nuestra salvación, quiso que tuviéramos el memorial del amor con que nos había amado hasta el fin, hasta el don de su vida. En efecto, en su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros, y se queda bajo los signos que expresan y comunican este amor” (CI 1380).

 

Guía 2: La Eucaristía es el don supremo del amor de Jesucristo, porque en Ella da todo lo que es y todo lo que tiene. Nosotros queremos corresponder a su Amor y por eso le decimos: “Recibe nuestro amor”

En el empeño por imitar tus virtudes...

En la práctica de los consejos evangélicos...

En el cumplimiento de nuestros deberes...

En las alegrías y tristezas...

En las prosperidades y adversidades...

En la salud y en la enfermedad...

En la vida y en la muerte...

En el tiempo y eternidad...

 

Altar 4- bendición

Guía 1:

Entonces ¿en qué condición está presente? No como cuando era niño en Belén o en Nazaret, sino en su condición de víctima, en esa condición en que se ofreció a Sí mismo de manera cruenta sobre el altar de la cruz, con la única diferencia de que ahora el sacrificio es realizado de manera no cruenta, o sea sin

derramamiento de sangre (CI 1367). Pero la condición es la misma, para expresar esto santo Tomás de Aquino usa la expresión: “Christus passus”.

 

“La Eucaristía, sacramento de nuestra salvación realizada por Cristo en la cruz, es también un sacrificio de alabanza en acción de gracias… una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la redención y la santificación” (CI 1359-1360). El salmo responsorial que hoy cantamos exhortaba a la Iglesia: alaba a tu Dios, Jerusalén, celebra a tu Dios, Sión… Pero esa “alabanza sólo es posible a través de Cristo: Él une los fieles a su persona, a su alabanza y a su intercesión, de manera que el sacrificio de alabanza al Padre es ofrecido por Cristo y con Cristo para ser aceptado en Él” (CI 1361).

 

Guía 2: Aconsejaba el Santo Papa Juan Pablo II: “no escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración” (CI 1380).

Señor Jesús, recibe nuestras oraciones como actos de desagravio por todas las ofensas y sacrilegios que se comenten contra Ti en el Santísimo Sacramento.

Todos:

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te ofrecemos el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pedimos la conversión de los pobres pecadores.”

 

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