Carta de nuestra Superiora General

Madre María de Anima Christi Superiora General
Madre María de Anima Christi Superiora General

Nuestra Superiora General, Madre María de Anima Christi, recientemente nos dirigió una carta a todas las misioneras en España. Dada la importancia del tema y el bien que creemos puede hacer a nuestros lectores, la colocamos a continuación:

 

Roma, 11 de marzo 2014

 

Queridas M. Maria de la Salut y hermanas misioneras en España:

 

Por gracia de Dios pude participar el día 26 de octubre 2013, junto con muchas de ustedes, de la ceremonia de deposición de las reliquias de los 17 monjes benedictinos, martirizados durante la guerra civil española, bajo el altar mayor del Monasterio del Pueyo, en Barbastro. Fue una ceremonia diferente a todas las otras de las cuales he participado durante mi vida y la misma dejó una huella profunda en mi alma. Se recordarán cómo caminamos desde el pie del monte sobre el cual está el Monasterio, acompañando el anda con las reliquias de los mártires, unidos a nuestros monjes del Verbo Encarnado y muchos familiares y devotos de los mártires, quienes llevaban una foto de cada uno de ellos. Los tambores tradicionales nos acompañaban con su típico sonido y la banda interpretó algunos cantos en honor a la Virgen, mientras que entre oraciones y cantos llegamos a la plaza en frente a la Iglesia del Monasterio. Una vez allí, se leyó una breve reseña biográfica de la vida de cada monje mártir, mientras un familiar suyo llevaba su foto en un estandarte al tiempo que subía la escalera hasta entrar en la Iglesia. Cuando se terminó de leer la historia del último monje, se entonó el canto de los mártires de Barbastro, que aprendí durante mis primeros años de vida religiosa cuando estuve en Argentina. Años atrás cantamos este himno en la casas de formación, mientras soñábamos con ser grandes misioneros y dar la vida por Cristo. El P. Jon de Arza escribió la hermosa melodía al himno que los padres claretianos habían escrito (habíamos recibido solo la letra, sin la música) tomando las palabras que dejaron en herencia los mártires del seminario en Barbastro. Este himno cantamos siempre con fervor y devoción, pero nunca así, como cuando lo cantamos en el Monasterio del Pueyo, contemplando la ciudad de Barbastro, donde tantos religiosos dieron su vida por Cristo. Dios nos había preparado desde hace muchos años, desde la “Finca”, para finalmente entender mejor el significado de aquel canto, y la misión que contenía de alguna manera para nuestras vidas como misioneros de la Familia del Verbo Encarnado.

 

En muchas partes del mundo las Servidoras misionamos buscando ser fieles a nuestro fin específico de “evangelizar la cultura”. Tenemos delante de nosotros un gran desafío y como dijo nuestro padre Juan Pablo II: “La sangre de los mártires del siglo XX está llamada a fecundar la evangelización del tercer milenio, al igual que los mártires romanos de los tres primeros siglos fueron, sin duda, la semilla básica de la que brotaron los frutos de la evangelización de Europa en el primer milenio”.[1] Con este pensamiento tan significativo en mente, considero una gracia del todo particular el que recientemente la Iglesia haya querido confiar a los Padres del IVE el cuidado del Santuario de los mártires del Pueyo y que nuestro Monasterio de la Ollería, en Valencia custodie también un vivo recuerdos de los mártires de la zona. Dios está queriendo decirnos algo… 

 

El Obispo Auxiliar de Madrid, Monseñor Juan Antonio Martínez Camino en febrero pasado dijo durante una conferencia en Valencia acerca de los mártires españoles, que ellos son cristianos “que se han mostrado capaces de no anteponer nada a su fidelidad a Jesucristo, ni siquiera la vida y que prefirieron morir a traicionar su fe.”…y que por eso mismo, los mártires “están llamados a ser actores principales de la nueva evangelización, porque nos ayudan a entender cómo crece la Iglesia. El Evangelio no prende en el corazón de los hombres a base de discursos, doctrinas o palabrería cargada de tópicos y modas de la sociedad, de la política o de la misma Iglesia, sino que atrae en virtud del testimonio de los santos.” [2]

 

Leyendo estas palabras comprendo con claridad que el testimonio de los mártires nos anima a la conversión, nos impulsa a seguir adelante, a querer “navegar mar adentro”, a ser misioneras con toda el alma, dispuestas al sacrificio para vivir una maternidad espiritual auténtica y fecunda. Los mártires nos enseñan cómo tenemos que servir, cómo hay que amar, hasta qué punto…  Ellos son la “fuerza motriz” de la nueva evangelización, misión a la cual hemos sido llamados y que sin duda cumpliremos mejor en la medida que cultivemos un conocimiento, un amor y un culto adecuado a los mártires.

 

Es por esto que quisiera incentivar por medio de estas breves líneas a una particular atención sobre este tema. Espero que todas nuestras misioneras en España puedan tomar consciencia de lo citado arriba y profundizar a nivel personal, comunitario y provincial este argumento, también en vistas a promover iniciativas que ayudarán a una más fecunda evangelización de la España del tercer milenio, donde les toca evangelizar. Bien sabemos que no es fácil, porque como Monseñor Martínez Camino ha puntualizado “la intercesión de los mártires del siglo XX es de la máxima actualidad porque el ateísmo sigue secando la vida espiritual y cultural de nuestra Europa y de España en nuestros días, ahora bajo la forma, tal vez dominante, del relativismo hedonista, pero de otras muchas formas, que van camino de imponerse a los pueblos como una nueva forma de dictadura y que ya están poniendo de nuevo en cuestión derechos humanos fundamentales”. Por esto creo que el Monasterio del Pueyo y el Monasterio de la Ollería no aparecieron al azar en nuestra historia, sino que Dios nos confió estos lugares de vida contemplativa, porque tienen la importancia de ser “luz sobre el monte”, de modo que su resplandor nos pueda guiar en este cotidiano “ofrecer la vida” para Dios y los demás.

 

Que los mártires españoles intercedan por todos los misioneros de nuestra Familia Religiosa y su misión en España. Unidos en Cristo y Su Santa Madre, con cariño,

M. Maria de Anima Christi

 



[1] Cfr. Juan Pablo II, Tertio Millenio Adveniente, 37 y Novo Millenio Ineunte, 7.

[2]Zenit, 12 de febrero 2014, Los mártires del siglo XX son la fuerza motriz de la nueva evangelización.

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