“Si estás esponsalmente unida a Jesús, tu sangre es su sangre preciosa”

Compartimos con ustedes una Crónica de nuestro Monasterio

“Santa  Edith Stein” en USA

“Si estás esponsalmente unida a Jesús, tu sangre es su sangre preciosa”

Estas palabras pertenecen a un escrito de Santa Edith Stein preparado para la fiesta de la Exaltación de la Cruz del año 1939. Aunque nosotras las leemos todos los años en el Oficio de Lecturas de su fiesta y las hemos meditado muchas veces, leídas en el coro del Monasterio de la Preciosísima Sangre, donde los símbolos y citas de la Sagrada Escritura referentes a la Sangre Redentora son tan abundantes, resuenan de una manera especial, con más fuerza. La traducción que usé este año en inglés para unas buenas noches decía “Si estás  esponsalmente unida a Jesús tu ser es sangre preciosa”.

 

Los santos son amigos, y me parece que ellos tienen sus “contactos” como los tenemos nosotros en la tierra. Quería contarles una “hermosa coincidencia” que nos ha hecho dar gracias a Dios por su Providencia. Pero para esto tengo que hacer un poquito de historia. Quizás ya contamos un poco en otras crónicas. Donde vivimos actualmente, desde diciembre de 2011 es un barrio judío, creo que de los más grandes que hay en la ciudad de Brooklyn y de los más observantes, a cinco cuadras está el hospital Maimónides y en la esquina de enfrente tenemos una escuela primaria que por las tardes es sinagoga. A la hora de vísperas cuando nosotras cantamos en el coro y hacemos nuestra Adoración muchas veces los escuchamos cantar a ellos; sus melodías se parecen a las que cantan los monjes orientales.

 

La Divina Providencia nos trajo aquí después de una tormenta que deterioró un poco nuestro Monasterio en la parroquia Santo Tomás. Lo que no sabíamos es que la Divina Providencia tenía esto preparado desde antes...

 

Hace varios años atrás entre 1995-1997 cuando nuestra comunidad recién comenzaba su experiencia monástica en Brooklyn compartiendo casa con nuestras hermanas apostólicas en la parroquia San Pedro y San Pablo, soñábamos con un monasterio hermoso como el reconstruido en los cloisters[1], o al menos con una casita modesta donde pudiésemos vivir del mejor modo posible nuestra vocación y tener clausura. Esta intención nos acompañaba día y noche, en el convento y en los paseos y peregrinaciones que podíamos hacer, ya que compartíamos prácticamente todas las actividades comunitarias con las hermanas apostólicas. No había rincón de Brooklyn por donde pasáramos que escapase a nuestra mirada, edificios, iglesias, rectorías, cualquier lugar donde hubiese un jardincito, haber si algo nos podría servir. Tampoco quedaron sin escucharnos los santos, los conocidos y los desconocidos. 

 

Así fue como invocamos el auxilio de una religiosa, Catherine Caouette, oriunda de Canadá Francesa; leímos que era fundadora de un monasterio en Canadá, el primero en esas tierras y nos dijimos “ella tiene que ayudarnos” pensando que seguramente pasó por dificultades para encontrar su primera casa, etc. Mientras tanto continuamos nuestra vida en el pequeño convento de San Pedro y San Pablo. Luego en 1998 comenzamos nuestra vida monástica en la parroquia del convento Santo Tomas de Aquino, ya era vida contemplativa “100%”.

 

Nunca más supimos ni escuchamos de Catherine Caouette, pero hace unos meses atrás leyendo unas crónicas de los comienzos de la fundación de las Adoratrices de la Preciosísima Sangre que tienen como fundadora a la Madre Aurelia o Madre Catherine Aurelia, descubrimos que ¡su nombre de bautismo era Catherine Caouette! Su nombre resonó en mis oídos y memoria y empecé a buscar con esfuerzo para asegurarme que no estaba imaginando coincidencias así que escribí a la hermana María Nazarena, una de las hermanas contemplativas, que estaba en los comienzos y quien nos la presentara, para corroborar los datos. También en esos días llego a nuestras manos un video hecho por las Adoratrices que repetía más o menos la misma frase: primera fundadora del primer monasterio en Canadá, nativa de esas tierras. Esto se lo contamos a las hermanas Adoratrices de la Preciosísima Sangre quienes repiten de vez en cuando “nuestra Madre Fundadora las trajo aquí”.

 

La madre Catherine Caouette no ha sido beatificada todavía, a pesar de su fama de santidad, es necesario un milagro. El Cardenal McCarrick, nos ha dicho: “quizás no ha sido beatificada todavía para que ustedes crezcan en la esperanza”. Creo que con esta feliz coincidencia hemos adelantado un poquito en esa hermosa virtud, “la esperanza no defrauda” y Dios en su Providencia nos da siempre el céntuplo de lo que le hemos entregado aunque no sepamos cuando.

 

“Si estás esponsalmente unida a Jesús, tu sangre es su sangre preciosa”. “Unida a Él eres omnipresente como Él… en el poder de la Cruz puedes estar en todos los frentes, en todos los lugares de aflicción; a todas partes te llevará su amor misericordioso, el amor del corazón divino, que en todas partes derrama su preciosísima sangre, sangre que alivia, santifica y salva” (Santa Edith Stein).

 

Que todos los religiosos, especialmente los de nuestra Familia Religiosa, lleguemos a ser esta Sangre Preciosa de Cristo.

 

M. María del Redentor

 

 

 

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