Es necesaria para la sociedad humana la vida contemplativa

Santo Tomás de Aquino enseñaba que «[…] es necesario para la perfección de la sociedad humana que algunos se dediquen a la vida contemplativa»[1].

 

            Siguiendo el Magisterio Pontificio queremos brevemente delinear las razones de esta necesidad:

 

  1. Dan incesante testimonio del fin último del hombre

 

       «El mensaje del monacato y de la vida contemplativa repite incesantemente que la primacía de Dios es plenitud de sentido y de alegría para la existencia humana, porque el hombre ha sido hecho para Dios y su corazón estará inquieto hasta que descanse en Él [2]»[3].

 

2.      Son expresión del puro amor

 

«[…] Como expresión del puro amor, que vale más que cualquier obra, la vida contemplativa tiene también una extraordinaria eficacia apostólica y misionera [4]» [5].

 

3.      Ofrecen la alabanza a Dios

 

«Ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza»[6].

             

4.      Dan singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor

 

«[…] En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del Pueblo de Dios[7]»[8].

 

5.      Iluminan e instruyen a los fieles en seguir a Cristo

 

«Ilustran al Pueblo de Dios con frutos ubérrimos de santidad y le edifican con su ejemplo»[9].

            Los contemplativos ofrecen a los hombres un «[…] ejemplo de la perfección cristiana; porque su vida, aun sin uso de palabras, continua y altamente lleva los fieles a Cristo y a la perfección cristiana, y para los buenos soldados de Cristo es como estandarte o guión que los excita al legítimo combate y los estimula a la corona»[10].

 

6.      Ocupan un lugar eminente en la Iglesia

 

            «Los Institutos destinados por entero a la contemplación, o sea, aquellos cuyos miembros se dedican solamente a Dios en la soledad y silencio, en la oración asidua y generosa penitencia, ocupan siempre, aun cuando apremien las necesidades de un apostolado activo, un lugar eminente en el Cuerpo Místico de Cristo,  en el que no todos los miembros tienen la misma función»[11].

 

7.      Son para la Iglesia motivo de gloria

 

« […] Los Institutos orientados completamente a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales»[12].

 

  1. Testimonian el señorío de Señor sobre la historia

 

«Con su vida y su misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura» [13].

           

  1. Prefiguran, visiblemente, la vida futura

 

Los religiosos contemplativos «puestos como ciudades sobre el monte y luces en el candelero (cf. Mt 5, 14-15), a pesar de la sencillez de vida, prefiguran visiblemente la meta hacia la cual camina la entera comunidad eclesial que, “entregada a la a [14], se encamina por las sendas del tiempo con la mirada fija en la futura recapitulación de todo en Cristo, cuando la Iglesia “se manifieste gloriosa con su Esposo (cf. Col [15], y Cristo “entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad [...], para que Dios sea todo en todo” (1 Co 15, 24.28)» [16].

 

 

  1.  Misteriosa fecundidad

 

a.             En el desarrollo de la Iglesia, de quién son gala y fuente de gracias

 

            «Contribuyen a su desarrollo [de la Iglesia] con una misteriosa fecundidad. De esta manera son gala de la Iglesia y manantial para ella de gracias celestiales»[17].

           

b.      Debe haber monasterios contemplativos por todas partes, porque pertenecen a la plenitud de la Iglesia

 

«Conviene establecer por todas partes en las iglesias nuevas la vida contemplativa porque pertenece a la plenitud de la presencia de la Iglesia» [18].

 

c.             Importancia singular en las conversiones, misiones y vocaciones

 

«Los Institutos de vida contemplativa tienen una importancia singular en la conversión de las almas por sus oraciones, obras de penitencia y tribulaciones, porque es Dios quien, por medio de la oración, envía obreros a su mies, abre las almas de los no cristianos, para escuchar el Evangelio y fecunda la palabra de salvación en sus corazones. Más aún: se ruega a estos Institutos que funden casas en los países de misiones, como ya lo han hecho algunos, para que, viviendo allí de una forma acomodada a las tradiciones genuinamente religiosas de los pueblos, den su precioso testimonio entre los no cristianos de la majestad y de la caridad de Dios, y de la unión en Cristo»[19].

La Iglesia «mediante la entrega diaria al compromiso de vida contemplativa […] obtiene tanta fuerza para su acción misionera en el mundo de hoy» [20].

 

d.                  Favorecen el diálogo ecuménico e interreligioso

 

Los religiosos contemplativos ocupan un lugar importantísimo en el trabajo ecuménico: «Confío particularmente a los monasterios de vida contemplativa el ecumenismo espiritual de la oración, de la conversión del corazón y de la caridad. A este respecto les invito a que se hagan presentes allí donde viven comunidades cristianas de diversas confesiones, para que su total entrega a lo “único necesario” (cf. Lc 10, 42), al culto de Dios y a la intercesión por la salvación del mundo, junto con su testimonio de vida evangélica según el propio carisma, sean para todos un estímulo a vivir, a imagen de la Trinidad, en la unidad que Jesús ha querido y ha suplicado al Padre para todos sus discípulos»[21].

«Es justo, por tanto, esperar que las distintas formas de vida contemplativa experimenten una creciente difusión en las Iglesias jóvenes como expresión del pleno arraigo del Evangelio, sobre todo en las regiones del mundo donde están más difundidas otras religiones. Esto permitirá testimoniar el vigor de las tradiciones ascética y mística cristianas, y favorecer el mismo diálogo interreligioso [22]» [23].

 

            Pidamos férvidamente por todos los religiosos y religiosas contemplativos para que en ningún momento de sus vidas se olviden que su obligación más importante es dar cumplidamente gloria a Dios, pero también que la calidad de su oración es absolutamente necesaria para la sociedad humana, tanto individual como familiar, tanto política, como social y económica, a nivel tanto municipal y nacional como internacional, tanto para la sociedad civil o Estado cuanto para la sociedad sobrenatural o Iglesia. Porque ayer, hoy, y siempre: «[…] es necesario para la perfección de la sociedad humana que algunos se dediquen a la vida contemplativa»[24].

 

            Que «Catalina de Siena […] la santa llena de pasión por la sangre de Cristo»; que «Teresa la Grande […] la mujer que va de “morada” en “morada” hasta llegar al umbral del gran Rey en el Castillo interior»; que «Teresa del Niño Jesús […] la que recorre con sencillez evangélica el caminito»; que «Clara […] la amante apasionada del Crucificado pobre, con quien quiere identificarse totalmente»[25]; que los Doce Apóstoles, que convirtieron el mundo con los dones de Pentecostés; que Antonio Abad, que hizo del desierto un vergel; San Benito, que no antepuso nada a Cristo; Santo Tomás de Aquino edificador del mundo con las catedrales de sus escritos; el Beato Juan Pablo Magno a quien el mundo le resultó pequeño; y que sobre todo, la intercesión de Nuestra Madre del Cielo, les alcancen esta gracia. 

P. Carlos Miguel Buela, IVE,

15 de octubre de 2011.

 

 



[1]Santo Tomás de Aquino, In IV Sententiarum, 26, 1, 2: «Ad perfectionem humanae multitudinis sit necessarium aliquos contemplativae vitae inservire».

[2] Cf. S. Agustín, Confesiones I, 1: PL 32, 661.

[3]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 27.

[4] Cf. S. Juan de la Cruz, Cántico espiritual, estr. 29, 1.

[5]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 59.

[6]Concilio Vaticano II, Decreto «Perfectae caritatis» (28 de octubre de 1965) 7.

[7] Cf. Concilio Vaticano II, Decreto «Perfectae caritatis» (28 de octubre de 1965) 7; Decreto «Ad gentes» (7 de diciembre de 1965) 40.

[8]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 8.

[9]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 8.

[10]Pio XII, Constitución apostólica «Sponsa Christi» (21 de noviembre de 1950) 39.

[11] Concilio Vaticano II, Decreto «Perfectae caritatis» (28 de octubre de 1965) 7.

[12]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 8.

[13]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 8.

[14]Concilio Vaticano II, Constitución «Sacrosanctum Concilium» (4 de diciembre de 1963) 2.

[15]Concilio Vaticano II, Constitución dogmática «Lumen Gentium» (21 de noviembre de 1964) 6.

[16]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 59.

[17]Concilio Vaticano II, Decreto «Perfectae caritatis» (28 de octubre de 1965) 7.

[18]Concilio Vaticano II, Decreto «Ad gentes» (7 de diciembre de 1965) 18

[19]Concilio Vaticano II, Decreto «Ad gentes» (7 de diciembre de 1965) 40.

[20]Juan Pablo II, Carta a las religiosas clarisas en el VII centenario del nacimiento de Santa Clara (11 de agosto de 1993) 4.

[21]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 101.

[22] Cf. Propositio 6.

[23]Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal «Vita consecrata» (25 de marzo 1996) 8.

[24]Santo Tomás de Aquino, In IV Sententiarum, 26, 1, 2: «Ad perfectionem humanae multitudinis sit necessarium aliquos contemplativae vitae inservire».

[25]Juan Pablo II, Carta a las religiosas clarisas en el VII centenario del nacimiento de Santa Clara (11 de agosto de 1993) 4.

 

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