" ¡Qué gusto ser Mártir! "- Parte II

 (Vida del Beato Juan Bautista Ferreres Boluda S. J[1])
Al ingresar el Padre Ferreres estaba enfermo, además de los sufrimientos morales que venía soportando desde mediados de Julio, se encontraba en una paz inalterable, conforme en todo con la voluntad de Dios. La providencia de Dios le deparó unos buenos compañeros, que en cuanto le conocieron se pusieron a su servicio: el P. Jorcano, los sacerdotes Miguel Hurtado y Antonio Fabregat, el congregante mariano Juan García García y el capellán del Hospital de Valencia el P. Miguel Aguilar; quienes dejaron sus testimonios de la vida interior que llevaba : “Quizás un día en la cárcel de San Miguel de Los Reyes, nos valga más ante Dios que toda la vida religiosa”; “En la Cárcel se podía aprender más a amar a nuestro Señor que en los libros de Teología”  ;“¿Porqué nos vamos a aburrir si tratamos con Dios y con la Santísima Virgen?”;“¡Qué gusto ser mártir! Quien sabe si los rojos se acordarán de mí”.
El tiempo que transcurrió en la cárcel lo dedicaba a rezar y a atender las consultas que le hacían. Sus compañeros decían que siempre lo encontraban rezando. Y uno de los rezos en que más se le veía era el del rosario. “se hizo un rosario de hilo con nudos y rezaba  rosarios y jaculatorias, y nos enseñaba a nosotros”, afirma el P. Jorcano. En san Miguel de los Reyes se había instituido el “rosario perpetuo”, pasándoselo el uno al otro sin interrumpir el rezo, para que siempre hubiera alguien rezando.
En las Vísperas de la Inmaculada sufrió un ataque de hemiplejía, días después le habían sacado para matar, pero como el colchón no entraba en el automóvil,  lo devolvieron. Al regresar  el P. Jorcano le preguntó si se había dado cuenta de lo que le iban a hacer, a lo que  respondió, conmoviendo a todos: “Sí, me he dado cuenta, pero no he sido digno del martirio”.
El testimonio del médico que le asistió el tiempo que estuvo en la cárcel, y sobre todo luego del ataque de hemiplejía que sufrió, afirmaba: “debía tener crudos dolores y a pesar de ello no se quejaba…yo le curaba y limpiaba las llagas y el sólo me decía: Dios se lo pagará”. El Padre Jorcano, su confesor, le preguntó si  sufría mucho, a lo que  respondió: “mucho, mucho, pero lo ofrezco por la salvación de España”.
El día 29 de Diciembre luego de haber confesado y comulgado, llegó la hora de la muerte, repetía jaculatorias, y sus últimas palabras fueron: “In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum”. Los allí presentes entonaron el Te Deum y expusieron su cadáver en el sótano, todos pasaron a verle y a rezarle, incluso los mismos carceleros le tenían cierta devoción al ver sus reacciones tan pacíficas y caritativas.
Rosario que hizo el Padre Ferrere,
en la cárcel
El P. Ferreres fue enterrado en el Cementerio General de Valencia y terminada la guerra, en 1940 sus restos fueron trasladados al panteón de la Compañía de Jesús.
El caso del P. Juan Bautista Ferreres, merece una consideración especial. Si  bien el no fue asesinado directamente por sus carceleros o perseguidores, es claro que fue arrestado “in odium fidei” y que murió a causa de los malos tratos recibidos por haber sido fiel a Cristo y a la Iglesia hasta el final. Esto justifica que sea declarado mártir de la fe. El Papa  Juan Pablo II el 20 de diciembre de 1999, aprobaba la denominación de mártir para el P. Ferreres.
 Fue beatificado el 11 de marzo del 2001.
Pidamos por su intercesión, en este año de la fe, sus ansias en el conocimiento y en el amor a Dios, para poder testimoniarle en todo momento y en todo lugar, a costa de todo sacrificio, hasta la entrega de nuestra propia vida.

 




[1] Tomamos de“Beato Juan Bautista Ferreres Boluda, S. J. – Sacerdote y Mártir”, Estanislao Just Lleó, S.J., Valencia.
 

 

 

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